domingo, 24 de febrero de 2013

El último coloquio con Dios.




- Hola, "K". Sé que has venido a matarme.
- Así que era cierto... Qué cabrón. Existes realmente.
- Entenderás que no puedo consentir que lo hagas. Te ofrezco algo, un pedazo de perfección en el que vivir.
- Ya, claro... "Un ricón del Paraíso, pero ¿con quién?"
- ¿No será tan fácil, eh?
- Pues no. ¿Además qué es lo que quieres a cambio? ¿Mi vida? ¿Mi cuerpo...? Ah, no... claro. ¿Te van más jovencitas, verdad?
- No me subestimes, K. No olvides que la humana aquí eres tú.
- Sí, ya, ya. Entonces, ¿Qué quieres? ¿...mi Sangre?
- Tu Sangre no tiene ningún precio. Pero no olvides que para ti lo tiene todo. Una vez abierta la herida tu Sangre sólo traerá más sangre. Si quieres seguir respirándo, déjalo estar.
- Cállate... No tienes ni idea.
- ¿No? Pues te ofreceré algo que no podrás rechazar. Te doy paz, no como un lugar ni una cosa, simplemente como algo que guardarte dentro. Te doy hilo, no el que te gustaría, pero será suficiente para que sigas viva. Te doy algo que no será bueno, ni bonito, ni agradable, pero sólo será tuyo.
- ¿Puedes darme eso... sin producirme un derrame cerebral?
- (Risas) Claro, K, sólo necesito una única cosa a cambio para hacerlo.
- ¿El qué?
- Tu Tiempo. Cada segundo.
- ¿Ya está?
- Sí.
- Entonces... ¿soy libre?


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