martes, 11 de septiembre de 2012

Las estrellas se ven mejor a las 5 de la madrugada.

Al asomarse a la ventana se podía percibir el hedor que los contenedores desprendían unos metros más abajo de su nariz. La basura se acumulaba por toda la acera, creando un nido de suciedad, infecciones y mierda. Por lo visto algunas personas no iban a tomarse la molestia de dejar todas esas bolsas, desechos, muebles y ropa, en un lugar más adecuado. Lo miraba con asco y pena. Ella siempre había deseado hacer desaparecer la suciedad, como si fuese un súper poder. Resulta algo absurdo, pero siempre le había producido una especie de sensación de calma presenciar cómo algo se limpiaba. Por eso le gustaba tanto ver los anuncios cutres de productos de limpieza del teletienda.

Pero al mirar al cielo, la cara se le iluminó. Éste no estaba tan oscuro como a ella le gustaría, debido a la contaminación, pero las estrellas y la luna brillaban con fuerza. Había, sobretodo, una estrella que la tenía hipnotizada con su tenue parpadeo. "Quizá se puede observar mejor el cielo a las 5 de la madrugada", pensó. Le sorprendía aquella maravillosa visión, como si fuese una salvación, como si fuese encontrar una respuesta. Obviamente, no la hubo.

Empezó a contar los puntitos brillantes, pero tenía que asomarse demasiado para ver bien aquel techo desgastado, que era eclipsado por edificios lo suficientemene altos para que desease que no estuvieran."Tengo que ir a algún sitio más elevado y despejado para poder observar mejor las constelaciones... Algún día." Ay, qué lástima. Podríamos haber subido a la azotea a contar las estrellas alguna noche de verano. A hacernos preguntas idiotas. Y a reírnos.

Y cruelmente, el olor putrefacto le hace volver a la realidad.

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