sábado, 14 de julio de 2012

Mi caos.

De pronto todos empiezan a correr, sumidos en un terrible caos que les persigue. Te busco desesperadamente entre caras vacías, paralizada hasta que te encuentre. Y no te encuentro. Veo golpes, veo muecas de dolor, pero no oigo sus gritos. El mundo se ha parado por un momento y me muestra la cruda realidad a cámara lenta como diciendo "¡Mira! ¡Mira todo esto!".

Despierto de mi breve letargo con un escalofrío, entre empujones de desconocidos llenos de ganas de crear un mundo mejor. Sus ojos escupen rabia, miedo, pánico. Y, fíjate ahora: están huyendo. ¿Dónde estás?

Después de 13 asquerosos segundos, por fin puedo verte. Empiezo a correr hacia ti sin darme cuenta que voy en dirección contraria a todos los demás, que ahora no son más que obstáculos que esquivar. Alguien hunde su puño en tu estómago. Caes al suelo. Vomito sangre. Me levanto. Grito tu nombre. Golpes huecos. Y me arrastran sin que pueda hacer nada.

"Deprisa, vamos, tenemos que llevarte lejos de aquí, estás sangrando. Confía en mí... ¿vale?"

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