jueves, 14 de junio de 2012

"La nada eterna".

Una noche, no hace mucho, me dolieron los brazos de abrazar al vacío, creyendo que era sólo mío. Pero por la mañana ya se había ido, estábamos yo y mi almohada. Había sido, sin más, un momento efímero.

Pero hoy me he sorprendido a mi misma acariciando su piel muda. Lentamente, mi cara, ha dejado de estar seca. No sé cómo, pero me ha mirado a los ojos y ha empezado a decir: "Shhh, no pasa nada, estoy aquí contigo".

Y ahora la fuerza empieza a resbalarse entre mis dedos y va cayendo al suelo. Vomito una última bocanada de aire. El vacío se estremece, con menos kilos que ocupar. Aquí no hay nada. Nada.

1 comentario:

  1. El recuerdo de la nada, perturba la maldita realidad. Es cierto que dentro de lo desatendida de nuestra nostalgia y lo difícil que es poder llegar a comprender lo que somos y para que somos... nos perdemos. Yo personalmente sigo buscando todos los días una almohada, una historia, un libro, a ti, una canción, o uno de tantos y tantos recuerdos.

    La brújula esta rota y no deja de moverse incesamente para todas partes. Que si aquí que si allí y me esta volviendo loco. Me levanto y me pongo delante del ordenador con los dedos encima del teclado. Y escribo. Tonterías sin sentido y fantásticas absurdeces que por mucho que te pongas a interpretar no llegas a ninguna parte. Me dejo la piel. No vivo ni duermo, simplemente ando, hablo, como, pero nada. La nada como dices. Yo no puedo abrazarla. La tengo demasiado arriba, en mis historias y momentos para poder llegar.

    Que envidia me das. Tú, que tienes alas y encima azules.

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